miércoles, 15 de febrero de 2012

Leblanc... y la mala suerte

Si hay un caso de químico con mala suerte es el de Nicolas Leblanc (1742-1806). Con 9 años perdió a su padre y lo mandaron a vivir con un amigo de la familia, bajo su influencia se interesó por la medicina. En 1759 muere su tutor, se desplaza a París y comienza los estudios de medicina. En 1780, y con una posición económica no muy boyante, llega a ser médico del Duque de Orleans. Durante todo este periodo estuvo constantemente agobiado por problemas económicos.

Estos agobios parecían que podían llegar a su fin gracias a un concurso promovido por la Academia Francesa de Ciencias. Se ofrecia un jugoso premio a aquel que fuera capaz de obtener carbonato sódico (Na2CO3) a partir de cloruro sódico (NaCl). El carbonato sódico (y el potásico) eran productos vitales para diferentes manufacturas (vidrio, jabón, textiles, papel...) y la única fuente eran las cenizas de algunas plantas

En el siglo XVIII España era uno de los principales productores de carbonato sódico. La obtención se realizaba a partir de las cenizas de plantas conocidas como barrillas, cuyas cenizas podían alcanzar de 20 a 33% en peso de carbonato sódico/potásico o álcali. Nueva Inglaterra llegó a ser el suministrador más importante de carbonatos o álcalis para la industria textil.

Francia llegó a una situación realmente agobiante. Su
producción de álcalis no era suficiente y unido al bloqueo de Inglaterra por su colaboración en la guerra de Independencia Americana le obligaba a buscar un suministro de álcalis para mantener su industria textil y de fabricación de pólvora. Para tratar de terminar con esta situación el rey Luis XVI, en 1783 y a través de la mencionada academia, decide ofrecer un jugoso premio, equivalente a casi medio millón de euros, a quién consiguiera la obtención del carbonato a partir del cloruro (la sal común). En la época ya se sabía que la síntesis era posible y había diferentes procesos que funcionaban a pequeña escala pero ninguno pudo llevarse a una escala industrial. Leblanc, con 42 añitos, se puso manos a la obra y consiguió dicha obtención en 1789 después de años de duro trabajo... La cosa parecía que iba a empezar a mejorar.

El proceso de Leblanc tenía dos etapas principales. En la primera el cloruro sódico se hacía reaccionar con ácido sulfúrico para obtener sulfato sódico:

$2NaCl+H_2SO_4\longrightarrow Na_2SO_4+2HCl$

En la segunda etapa se hace reaccionar en caliente el sulfato obtenido con carbón y carbonato cálcico (en forma de piedras calizas) para obtener el deseado carbonato sódico y como subproducto sulfuro clásico:

$Na_2SO_4+2C+CaCO_3\longrightarrow Na_2CO_3+CaS+2CO_2$

Uno de los problemas que originaría el proceso es la contaminación debido al ácido clorhídrico lo que sería una fuente de problemas en los siguientes años. A pesar de ese inconveniente podemos imaginarnos a un Leblanc exultante: un patriota que iba a salvar la industria francesa y a embolsarse unas 12000 monedas de oro.

Pues ahora es cuando la cosa comienza a irle mal al pobre Nicolas...

En julio de 1789 tiene lugar la toma de la Bastilla y el inicio de la Revolución Francesa, con la monarquía abolida el premio de Leblanc se desvanecía. Leblanc trataría al menos de obtener un beneficio explotando su propio proceso. Apoyado económicamente por el Duque de Orleans y tras grandes dificultades consigue poner en marcha una pequeña fábrica en París. Su destino estaría ligado al de su benefactor, al caer este en desgracia (y vaya desgracia, perdió la cabeza el 6 de Noviembre de 1793) Leblanc perdió no solo su apoyo sino también un importante sostén económico y su fábrica fue incautada por lo revolucionarios. Pero eso no era todo: el comité revolucionario de seguridad pública, ante las amenazas internas y externas, obligó a hacer público el proceso secreto de Leblanc, ante la posibilidad de perder él también la cabeza Leblanc proporcionó los detalles de su proceso y el comité se encargó de difundirlo con gran celo de forma que cualquiera que lo desease pudiera producir el deseado álcali. En poco tiempo Leblanc perdió la oportunidad de ganar el premio real, perdió su salario, su factoría y también la patente del proceso. Para empeorar las cosas su esposa enfermó...

El 8 de mayo de 1794 los revolucionarios ejecutaron a Lavoisier, perdiéndose así uno de los más grandes científicos de la época. Se mandó hacer un inventario de su laboratorio en el que participó Leblanc, podemos imaginar que esto no influirían mejorar su estado de ánimo. Estaba inmerso en un periodo bastante complicado, por una parte tenía que cuidar a la esposa enferma, mantener los cuatro hijos, apoyar la revolución y tratar de mantener la cabeza sobre los hombros, bien alejado de la guillotina.

El gobierno revolucionario le encargo diferentes tareas (muchas de ellas no remuneradas) a las que Leblanc no podía negarse, trabajó tratando de resolver cuestiones de interés industrial. Trabajó con excrementos y desechos llegando a la conclusión de la importancia del amonio como fertilizante. Trato de obtener una especie de monopolio sobre el estiércol y los pozos negros pero le fue denegado... Sus ahorros cada vez eran menos y no parecía que la situación fuera a mejorar. A Leblanc le aguardaban aún más desgracias. Una de sus hijas, con 17 años, sufrió una parálisis y murió a los pocos meses.

Durante este tiempo Leblanc trató de recuperar al menos su factoría y, por fin, en 1800 le fue devuelta. A pesar de ello no consiguió que funcionara a pleno rendimiento y, entre otras dificultades, su carbonato sódico no era del gusto de los fabricantes de jabón debido al mal olor de los vapores sulfurosos. Aún sufriría otro revés cuando sus demandas económicas y peticiones de restitución fueron denegadas, viéndose arruinado y sin salida el 16 de enero de 1806 se quitó la vida de un disparo a la cabeza que tanto le costó no perder durante el periodo de terror revolucionario.

La obtención del carbonato tenía un enorme interés económico, principalmente para la industria textil. De hecho fue precisamente la posibilidad de obtener de forma industrial el carbonato la que allanó el camino a la revolución de la industria textil en Inglaterra y Francia. Además, socialmente iba a representar una revolución. Significaba el gran paso de la producción artesanal y siguiendo oscuras recetas a una auténtica producción industrial.


Durante varias décadas fue el único proceso industrial de obtención de álcalis viable para la industria textil, de fabricación de papel, vidrio y jabón. Como ya se ha comentado fue una revolución pero también significo el inicio de un nuevo problema, la contaminación. Por cada tonelada de carbonato producida se emitía al aire unos 750 kilos de ácido clorhídrico que acidificaba las lluvias y hacía irrespirable el aire, además se acumulaban toneladas de compuestos sulfurados. Cuando estos reaccionaban con el clorhídrico el olor a huevos podridos se extendía a lo largo de kilómetros.

Con el tiempo se reconoció su aportación, en 1856 la Academia Nacional de Ciencias de Francia declaraba que difícilmente alguien haya contribuido tanto a la industria y haya recibido tan poco reconocimiento como Nicolas Leblanc....

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